El Hombre de Acero o un Superman plagado de efectos especiales

XXX MAN-STEEL-MOV-JY-6919.JPG A ENTZack Snyder (300, Watchmen y Sucker Punch), es un realizador fanático de los efectos especiales, la pantalla verde y los personajes creados por computadora. Su más reciente filme El Hombre de Acero, la última entrega de Superman, es otro ejemplo de ello y sólo logra funcionar cuando se centra en los personajes y en la trama, que pese a algunos tropiezos, no deja de ser interesante hasta el final.

El inicio de la cinta, que narra la destrucción de Kripton, revela a un Snyder nuevamente obsesionado con los efectos visuales, dándole menos importancia a la historia del nacimiento de Kar-El y como sus padres logran enviarlo a la Tierra con el fin de salvarlo. Si bien los actores (Russell Crowe y un eficiente Michael Shannon como Jor-El y el General Zod respectivamente) logran transmitir tensión y nervio en sus escenas, por momentos son opacados por los efectos generados por computadora, que al igual como sucedió en la más reciente saga de Star Wars, sólo sirven aquí como un elemento decorativo.

Las secuencias posteriores con la llegada a la Tierra de Kar-El, la relación que tiene con sus padres adoptivos y su difícil integración con sus compañeros de escuela, son las más logradas. Kevin Costner y sobre todo Diane Lane (cuyo papel nos recuerda a la madre protectora de la recordada Jack de Francis Ford Coppola) se lucen en sus escenas y logran darle dramatismo a esta parte de la trama, cuya sencillez es una de sus principales fortalezas.

La presentación del superhéroe y el enfrentamiento con el General Zod tiene algunos momentos de interés, que sin embargo se ven afectados por un Snyder obsesionado por darle mayor protagonismo a un personaje creado por computadora que al propio actor Henry Cavill (quien cumple un buen papel), en los pasajes cuando este vuela por los cielos o se enfrenta a su némesis.

Lo que sigue es un homenaje del realizador a las cintas de Michael Bay (la trilogía de Transformers) y Roland Emerich (Día de la Independencia y 2012). La secuencia de destrucción de Metropolis es la excusa perfecta para que el director derrumbe edificios por doquier y explote todo lo que haya a su alrededor so pretexto de darle más acción a la historia. Lo que parece una secuela de 2012  se transforma nuevamente en una película de Superman cuando el director decide darle mayor énfasis a la lucha cuerpo a cuerpo entre el superhéroe y el General Zod, que sin embargo en el tramo final pudo beneficiarse con varios minutos menos.

Lo que queda al final es un hecho claro y contundente: Snyder no es Christopher Nolan (el talentoso director de la más reciente trilogía de Batman y productor de este filme), tampoco es Tim Burton (el notable realizador de las dos primeras partes del hombre murciélago) y ni siquiera es Richard Donner (eficaz responsable de la primera y en su mayoría de la inolvidable y excelente segunda parte de la primera saga de Superman).

Con el anuncio de la segunda parte de esta cinta y la confirmación del realizador  nuevamente en la silla de director, sólo esperamos que los efectos especiales no opaquen nuevamente una atractiva trama que puede ser mejor explotada si se le diera la suficiente importancia.

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