Claudia Llosa presentó No llores, vuela en el Festival de Berlín

CLAUDIA LLOSA 2

La cineasta peruana Claudia Llosa regresó a la Berlinale, cinco años después de ganar el Oso de Oro con La teta asustada con un filme que “sigue escarbando en lo sagrado, en los mitos y en la tierra”, esta vez no en Perú, sino entre los hielos polares.

“Nuestra relación con lo sagrado, con lo primitivo es algo que llevamos en el ADN, no es específico de uno u otro país, en uno u otro continente, sino que está presente en todas las sociedades”, explicó a Efe Llosa, tras la proyección de No llores, vuela, la producción hispano-inglesa-canadiense en competición en ese festival.

Es una película “que arranca de la tierra y queda luego suspendida en el cielo, como el vuelo del halcón”, añadió la directora, en alusión al ave que “casi comparte protagonismo” con el elenco “humano” del filme, asimismo con gran carga mítica.

Como en La teta asustada, que además del Oro ganó el Premio de la Federación de la Crítica Internacional, Fipresci, su figura central es “una mujer fuerte, poderosa, que busca alternativas, sus propios canales de conexión, sea en el arte o en las técnicas de curación, frente a un entorno que trata de oprimirla”.

El peso del filme recae en Jennifer Connelly, con un papel de gran dramatismo: una madre que asume en solitario a dos hijos, uno de ellos con una extraña enfermedad, en un entorno hostil, donde acabará “reencontrándose con el poder de la tierra”.

En paralelo discurre una historia de abandono y desesperanza, representada por uno de esos hijos, ya adulto, en busca de la madre perdida, junto a la reportera que trata de resolver su propio enigma. “No siempre hacemos lo correcto. Como decimos en mi país, Dios escribe a veces con las líneas torcidas. A esa mujer fuerte, a esa madre, le ocurre algo así con su hijo”, explicó Llosa.

Rodada en inglés, entre impresionantes escenarios helados, y con un reparto internacional (Cillian Murphy, Mélanie Laurent y Oona Chalpin), No llores, vuela sigue el hilo temático marcado por la cineasta con La teta asustada.

Si ahí abordaba el drama de las mujeres violadas en Perú en las dos décadas de guerra y terrorismo, en No llores, vuela recurre a territorios alejados de país natal, para avanzar en el tratamiento “de lo sagrado”, pero sin “acomodarme en lo conocido”.

Del canto quechua que sedujo a Berlín, en 2009, de la mano de su actriz Magaly Soler y los agrestes escenarios de Lima, pasó Llosa a esa historia entre fríos polares, donde de nuevo cabe la superstición y lo místico.

Las diferencias aparentemente abismales, entre una y otra película, acaban no siéndolo tanto, insiste esta cineasta, que se siente como en casa en la Berlinale. “Estar aquí es casi como estar en familia. Todo es magnífico, cómo se me recibe ahora, cómo se me recibió entonces. Así que antes de pensar en cómo acabará este festival para mi quiero disfrutar de este momento”, añadió Llosa, a la pregunta del eventual “destino” -es decir, potencial premio- de No llores, vuela en esta Berlinale.

Como La teta asustada, el actual filme a competición de Llosa es un 80 % de producción española y la única representante del cine hispano en el Festival de Berlín.

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